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lunes, marzo 30, 2009

Por un techo

Hace unos meses llegué a la conclusión de que mi principal propósito en la vida es aprender a amar, aprender a quererme yo, a querer a los demás, a querer el camino que he recorrido y el que voy recorriendo, a querer levantarme con una sonrisa sólo porque me da la gana tener la actitud, a querer ser humana, punto.
Claro, el asunto es que, encontrando lo que quiero hacer en la vida, encuentro mi lugar en el mundo, y encontrando mi lugar en el mundo pues se hace lógico que quiera tener un lugar mío, una casa, un lugar que pueda llamar hogar.
Obviamente tener un hogar es una cuestión de actitud, pero tener una casa es un problema más complicado para una cantidad importante en el planeta (100 millones de personas sin casa del todo)
Por eso admiro terriblemente a la gente de Un techo para mi país y otras empresas y organizaciones, especialmente porque me contaron que gracias a ellos la gente de Cinchona poco a poco va teniendo un lugar para vivir después del terremoto.
A los del Gobierno de Costa Rica les debería de dar vergüenza, porque dinero hay, lo saben y lo han dicho públicamente. ¿El problema? Parece que no les da la gana mover el trasero para hacer bien su trabajo.
Vivir de lejos lo malo que le pasa a mi país no es fácil, el sentimiento de impotencia es peor, pero saber que existe este tipo de gente me tranquiliza y me llena de orgullo. Porque sí queda gente que quiere hacer las cosas bien, y, lo más importante: LAS HACE.

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