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martes, septiembre 27, 2005

confesión de medio día

Soy una idealista
Algo así como una bomba como las del Correcaminos que de lejos le encienden la chispa y ahi va ella rápida y segura hacia su meta: la explosión.

Siempre que me entusiasma algo soy lo suficientemente terca y empunchada como para conseguirlo y lograr el resultado que espero

Por eso cuando de repente propongo algo y logro ilusionar a otros al punto de lograr acciones que ven la luz de concretarse me sigo entusiasmando y me meto de lleno con el asunto.

A todos los que creen q lo que se hace no vale la pena, yo les digo una cosa: calladitos más bonitos, me parece injusto que con su cuota de realismo se sientan obligados a derribar en el cielo a los pájaros que recién están aprendiendo a volar y quieren conquistar el mundo.

Si hemos de caernos, nos caeremos en el intento, pero lo intentaremos, cosa que ustedes no hacen por pesimistas...

Por la cultura, la música, el arte, la sensibilidad y la humanidad, me tendran de lleno en todas las misiones que hayan, no me arranquen las alas.

Servirían mejor si proponen soluciones... sino lo hacen, muchas gracias por su opinión, no me interesa lo que digan...

Creo que por gente pesimista la mayoría de cosas interesantes no se realizan porque contagia con más facilidad el temor a fracasar, que el entusiasmo a de verdad creerse que las cosas se pueden dar.

A palabras necias, oidos sordos

Y si las palabras o mis intenciones son las necias, trankilos, lo reconoceré a mi debido tiempo, pero también tengo derecho a equivocarme.

Si por El Semáforo se puede hacer algo, me preparo para despegar...

6 comentarios:

analu dijo...

Catarsis...

que sabroso...

está muy usual en estos días...


saludos amiga.

akxi dijo...

mjm...

sabrosa y necesaria, niña!

zuzurro dijo...

a veces se quiere estallar...
se quiere decir en realidad lo que uno siente... y al darse cuenta murió uno con las ganas...

el tiempo pasó y nos hizo quedar sin fuerzas para tener el mismo impulso...

Jen® dijo...

y tras su despegue vamos otros cuantos igual. :)

Damián Arroyo dijo...

me gusto este post!

Nane dijo...

Hay una frase que dice que el temor al ridículo es la cárcel de la creatividad...
Que lástima que haya algunos que no les guste encarcelarla, que lástima que tengan una ridiculofobia...
Yo también me uno a la lista de los que volamos haciendo piruetas y maromas, de los que no nos importa hacer el rídículo y optamos por una amnistía creativa.